Volando esta primavera, regresando a casa al atardecer, el tiempo estaba inestable y el cielo estaba plagado de nubes altas y muchos cirros y cirrocúmulos. En la propia ventana del avión se podía ver el hielo condensado por el frío y la alta humedad.
De repente, aparece el fenómeno que estaba esperando ver. El Sol, en el atardecer, alcanzó el ángulo apropiado para que cuando sus rayos atravesaran esas nubes plagadas de cristales de hielo generara el esperado arcoiris circular.
Se le da el nombre de corona por difracción solar o gloria (nombre popular).
!Qué bonita es Tenerife desde el cielo!



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